Hoy el ejército está de misión humanitaria en Umariaçú, comunidad ticuna ubicada a orillas del río Amazonas. Los militares han sustituido las incursiones por asistencia sanitaria, las armas son globos y las balas, caramelos.

El ambiente es festivo. Los adultos hacen largas colas para hacerse chequear los dientes, la sangre y los órganos, sentirse atendidos y conseguir regalos en forma de pastilla. Los niños se aglutinan frente al payaso, gritan, bailan y se preparan felinamente para alcanzar el caramelo en el aire. Son pocas las golosinas y muchas las manos que compiten.

Por la radio nacional alaban la labor de los militares. El éxito de la convocatoria demuestra que son imprescindibles para mantener la paz, el orden y el bienestar de los ciudadanos.

Mañana regresará, inevitablemente, la normalidad. Los militares volverán a las armas y los ticuna al olvido. El azúcar carcomerá los dientes de los jóvenes y las pastillas sustituirán la medicina ancestral. Los ticuna recorrerán el bosque y el río en búsqueda de alimento, mas apenas encontrarán contaminación y escasez.

Obligados a formar parte de un sistema ajeno, los nativos se sentarán en sus esteras de palma y tenderán la mano.

Tabatinga, Brasil


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