Cuando jugamos, nuestro mundo se reduce a tres elementos: Maca, Marta y pelota. El instinto cazador del perro, mi esfuerzo por estar en el presente y la ligereza de la esfera hacen del resto un mero escenario. Hay paz en nuestro mundo, hasta que la realidad colisiona con nuestra burbuja.

Paseábamos por la ciudad de Iquitos. Estaba nublado y no había afluencia en el Malecón, así que aprovechamos para jugar un rato. Entramos a nuestro mundo Maca-Marta-pelota y la gente se fundió con la atmósfera. En cierto momento, una señora caminaba por la misma recta en la que Maca esperaba la pelota. Momentos previos al choque Señora-Maca, la mujer esquivó al perro, se giró y le arreó una patada en el trasero. Maca la observó sin comprender y a mí la sangre se me encendió.

—Señora, —la perseguí—, ¿por qué golpea a mi perro? El animal no le ha hecho nada, ¡un poco de respeto! —La mujer me ignoró y yo detuve mis pasos. Sin embargo, mis pensamientos ya habían apretado el acelerador.

“¡Maldita hija de puta! Qué tal ignorante, ni respeto ni educación ni nada. Este mundo está podrido, infectado de gente de mierda como esta”.

“Si le das vida, crece”, las palabras del Maestro Marlon se filtraron en mi cabeza. “Tú decides a qué entregas tu energía. No debilites tu mente”.

“¡Puta madre!, estoy dando energía a su mala vibra. Voy a pensar en otra cosa, a ver, ¿qué puedo cocinar para cenar? Tengo cebolla, aceite, Maca tendría que haber mordido a esa miserable y no soltarla más. Vuelve, vuelve… Podría hacer una tortilla, compro pan, huevo, papa y listo. Pero, ¿por qué chucha patea a mi perro? ¿Qué carajo le pasa? ¡Calma! Cierra los ojos, respira, señora de mier… coles, inspira, espira, adentro, afuera, adentro… ¿Acaso Maca le había hecho algo? Me parece increíble como afuera, adentro, afuera, adentro, me cago en adentro, afuera, adentro, afuera, adentro, afuera”.

Cuando abrí los ojos, reencontré a Maca y su mirada interrogante, oscilando entre la pelota y mi persona. Sonriendo, aparqué la mala vibra y regresé a nuestro mundo.


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